Me gusta tener el control de todo en la cama y darle órdenes a mi pareja.
Me gusta que me dominen, sobre todo en la cama.
El contacto físico y la intensidad me activan más que las palabras o el juego mental.
Cuando el dolor, las ataduras y la presión van subiendo, lo que más me excita es el momento justo antes del límite.
Me gusta incorporar el dolor al sexo.
Para mí estas prácticas no son solo cosa de la cama: son parte de mi vida diaria y de mi identidad.
Imagina que de ahora en adelante solo puedes ser siempre quien domina, o siempre quien se somete, sin poder volver a cambiar: